La pirámide de la desigualdad femenina
8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer
Los días internacionales que conmemoran y reivindican alguna cuestión, establecidos por las Naciones Unidas, como es el caso del Dia Internacional de la Mujer, o por instituciones varias, se proclaman con el fin de focalizar la atención social en un problema o situación que requiere una solución que no debe echarse en el saco cotidiano del olvido. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora sigue teniendo el mismo motivo que en su origen, porque la realidad de la mujer en todo el mundo, pero también aquí en España, en el llamado Primer Mundo, sigue siendo de Cuarto, sigue siendo desigual: la realidad se sigue mirando -y construyendo- desde ojos masculinos.
El presidente R. Zapatero se ha felicitado por el estupendo ministerio de Igualdad que ha creado, pero lo cierto es que su labor todavía no ha demostrado que sea mucho más eficaz y extensa que la institución que sustituyó, el Instituto de la Mujer, a excepción del valor simbólico y burocrático de sentarlo en el Consejo de Ministros. Pero en ese Consejo, como en otros, los asientos son para ocuparlos de verdad, para aprovecharlos activamente.
Por otro lado, si atendemos a los medios de comunicación, pero también al entorno social de la mayoría de la población, parecería que la idea predominante es que estamos mucho mejor que hace unos años y que aunque persiste la desigualdad, esta es menos ofensiva e incluso muchas mujeres no se sienten discriminadas en su vida laboral y social o familiar. En realidad, una vez más se cumple aquello del cristal con que se mira, porque "la sensación" es algo que también depende de con qué se compara: Una presa considerará que estar en una cárcel es un castigo duro, pero que se puede sobrellevar si se compara con otros países, donde no tendría una alimentación mínimamente adecuada o estaría hacinada con otras muchas condenadas, como ejemplifican los casos de reas que cumplen condena en el extranjero. Para una ciudadana respetuosa de la ley la prisión se le aparece, siin embargo, como algo insoportable.
Pero, aparte de "la sensación" que se pueda tener, sobre todo en ámbitos políticos o periodísticos, la realidad de miles de mujeres es la de sentirse presas a pesar de no estar confinadas en ningún centro penitenciario, presas dentro de sus relaciones familiares y convivenciales, sí, también con miedo. Cuando hablamos de miles, no es una opinión, sino que son las cifras que comunica ese mismo ministerio. Las últimas, hablan de más de 68.000 denuncias ante la policía, y un estudio del propio ministerio indica que un millón y medio de mujeres en España ha sido maltratada al menos una vez en su vida.
Ese mismo estudio señala que un porcentaje relevante de mujeres que declaran haber sufrido maltrato lo minimizan y no consideran que tenga importancia:"mi marido se pasa un poco a veces, pero es todo un hombre". Frases como esta apuntan al origen de esa violencia, que ni muchísimo menos es sólo física, sino también psicológica y social, y se extiende como una mancha de aceite por todas las relaciones entre hombres y mujeres. La igualdad está presente en las leyes españolas, pero no, en absoluto, en la sociedad, porque, de la idea más tradicional por la que una mujer debe obedecer a su padre, a su hermano, a su novio, a su jefe y a su marido, como hombres que son, hasta la visión de que "el carácter más emocional de ellas" las hace más propensas a ser menos capaces en general en el trabajo y en la vida, todo está impregnado de una visión del mundo hecha a la medida de los varones. Es un mundo de tornillos donde las tuercas sólo caben si se acoplan a los tornillos, si no, sobran. O como los discapacitados, que viven en un mundo para personas que se mueven con sus piernas y se guían con sus ojos y oídos y sus plenas facultades mentales. O como el mundo de los adultos, donde los niños siempre tienen que subirse a algo para llegar al estante de arriba, siempre tienen que tirar de la ropa de su padre o madre. Por eso se da tanto la masculinización, cuando la mujer jefa es más "ogra' que el jefe, porque además de que aprende que para ser jefE hay que se ogrO, además debe de serlo el doble para que se note.
Por eso, la desigualdad de la mujer respecto al hombre es una pirámide cuya punta visible son las muertas que aparecen en las noticias, pero luego hay una base en la que están todas las muertas en vida, encarceladas en relaciones de maltrato tal vez físico, pero siempre emocional y psíquico, presas de un sufrimiento indecible porque no hay moratones que enseñar, y entonces vuelve a ser, como antes, perteneciente al hogar de puertas para adentro. Y además hay, debajo, la gran base de esa pirámide, enterrada bajo el suelo de la supuesta "normalidad", el conjunto de las mujeres que viven en una sociedad -no sólo española, sino mundial- de varones, en el que la diferencia femenina, formada por esas características de la personalidad que se les ha dejado a ellas, como la emoción, la ternura, el cuidado, y tantas otras, generación tras generación, son menospreciadas como de poco valor frente a las que sí importan, las masculinas. Por eso, no podemos pensar en el Día de la Mujer como otra rutina anual, porque todavía todos los días y todos los meses son reivindicables para vivir en un mundo diferente. Que será más femenino o no será.
Secretaría de Comunicación de Izquierda Republicana
Madrid, 8 de marzo de 2010